{"id":556,"date":"2014-12-01T17:26:04","date_gmt":"2014-12-01T15:26:04","guid":{"rendered":"http:\/\/alpeia.com\/blogs\/cronicasdecarabas\/?p=556"},"modified":"2014-12-01T17:29:07","modified_gmt":"2014-12-01T15:29:07","slug":"caramelo-xxiii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alpeia.com\/blogs\/cronicasdecarabas\/2014\/12\/01\/caramelo-xxiii\/","title":{"rendered":"Caramelo XXIII"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/alpeia.com\/blogs\/cronicasdecarabas\/files\/2013\/11\/Medallon-CA.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-103\" style=\"border: 0px;margin: 0px\" src=\"http:\/\/alpeia.com\/blogs\/cronicasdecarabas\/files\/2013\/11\/Medallon-CA.png\" alt=\"Medallon CA\" width=\"179\" height=\"160\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00abTodo hab\u00eda sucedido demasiado deprisa para que nadie se hubiera dado cuenta. Los lobos, hambrientos a causa del largo invierno que sufr\u00eda la zona, hab\u00edan bajado en jaur\u00edas desde las monta\u00f1as a los pastos. Eso lo sab\u00edan todos en la zona. Lo que nadie esperaba es que se atrevieran a entrar en las sendas que los mercaderes transitaban. Ni siquiera las hogueras del campamento les hab\u00edan alejado.<\/em><br \/>\n<em> El espect\u00e1culo era dantesco. Los ganaderos hab\u00edan huido y abandonado el campamento, ya que los lobos prefer\u00edan las presas m\u00e1s f\u00e1ciles. La mayor\u00eda de las feroces bestias, llevadas por el hambre y la rabia, se estaban cebando en los carneros y las ovejas. Los aullidos y los gru\u00f1idos de los depredadores y los sonidos de agon\u00eda de las presas llenaban el claro del bosque, mientras la sangre resaltaba excesivamente sobre el campo nevado.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\"><!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Dos de los caballos, presos del p\u00e1nico, hab\u00edan tratado de escapar, solo para caer en la emboscada de los numerosos lobos que les rodeaban.<\/em><br \/>\n<em> Pero uno de ellos se manten\u00eda de pie, quieto como una estatua, rodeado de la muerte y sus heraldos, en medio de un escenario infernal.<\/em><br \/>\n<em> Era un Caramelo. Nadie sabia como nac\u00eda un autentico Caramelo, porque la mayor\u00eda de su linaje mor\u00eda sin tener tiempo a engendrar v\u00e1stagos. Pero de vez en cuando, uno de ellos aparec\u00eda. Los primeros Caramelos, Caramelo I y Caramelo II, hac\u00edan sido devorados por zombis en una catedral maldita. Otros Caramelos fueron incinerados por aliento de drag\u00f3n, despe\u00f1ados por acantilados, ahogados en mares lejanos\u2026<\/em><br \/>\n<em> \u00c9l era Caramelo XXIII, y desde peque\u00f1o fue consciente de que era un Caramelo. No pasaba una sola noche en que su sue\u00f1o no se viera invadido por las horribles im\u00e1genes de la muerte de sus antecesores. Cada d\u00eda miraba hacia delante con la certeza de su destino, una muerte horrible y entupida. Al principio fue duro, pero ahora se hab\u00eda acostumbrado. Se hab\u00eda endurecido a golpe de saberse de memoria y haber vivido en primera persona, como si le hubiera pasado a \u00e9l mismo, las muertes de veintid\u00f3s Caramelos anteriores. No le importaba la muerte. No le asustaba el dolor. Lo sabr\u00eda cuando su hora llegara. Hoy podr\u00eda ser ese d\u00eda.<\/em><br \/>\n<em> El l\u00edder de los lobos era un terrible ejemplar de lomo gris. De sus fauces a\u00fan brotaba la sangre de su \u00faltima victima cuando se fijo en Caramelo XXIII. Se acerc\u00f3 a \u00e9l gru\u00f1endo desde lo m\u00e1s profundo de sus pulmones, con un sonido que helar\u00eda la sangre al m\u00e1s valiente. Los dem\u00e1s lobos, como siguiendo unas ordenes ancestrales, se colocaron alrededor de su futura presa.<\/em><br \/>\n<em> El lobo mir\u00f3 directamente a los ojos de Caramelo XXIII.<\/em><br \/>\n<em> Caramelo no tuvo miedo. Empez\u00f3 a caminar sin ning\u00fan atisbo de nerviosismo hacia su depredador, hacia su destino. Caramelo XXIII le devolvi\u00f3 la mirada.<\/em><br \/>\n<em> Lo que el lobo vio en los ojos de Caramelo XXIII fue una llamada del destino. Vio las muertes horribles de veintid\u00f3s animales a la vez. Sinti\u00f3 su agon\u00eda, su miedo y su dolor. Se dio cuenta de que el alma de su presa estaba forjada con el fuego de un drag\u00f3n, sus carnes curadas por centenares de garras y colmillos, sus huesos duros como las piedras de los acantilados, sus cascos poderosos como las olas de los oc\u00e9anos\u2026y sus ojos fr\u00edos y eternos como la certeza de su destino.<\/em><br \/>\n<em> El lobo dejo de gru\u00f1ir. Se quedo mudo mientras Caramelo avanzaba con total tranquilidad hacia \u00e9l. Pronto, el lobo no pudo resistir m\u00e1s y dio un paso atr\u00e1s.<\/em><br \/>\n<em> Caramelo no apartaba su mirada.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<em>Cuando los ganaderos regresaron al d\u00eda siguiente encontraron a todo su ganado muerto, a excepci\u00f3n de Caramelo XXIII, que miraba melanc\u00f3licamente hacia un grupo de arbustos, fijamente. Estaba quieto como una estatua, tanto que hasta se hab\u00eda acumulado nieve durante la noche. No ten\u00eda ni una sola herida, a pesar de encontrarse en mitad de una org\u00eda de sangre. El viejo Kevin cogi\u00f3 sus riendas, pero a\u00fan as\u00ed le costaba conseguir que el caballo dejara de mirar en esa direcci\u00f3n. No tenia intenci\u00f3n de quedarse mucho tiempo all\u00ed ni de preguntarse que hab\u00eda pasado. Caramelo XXIII era un caballo extra\u00f1o y escalofriante, si, pero tenia un f\u00edsico imponente y hab\u00eda tenido suerte de recuperarlo con vida. Si lograba venderlo, dar\u00eda por bueno el ganado muerto.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Y Kevin hizo bien en no ver que hab\u00eda tras esos arbustos: Un angosto sendero que terminaba en un barranco oculto que nadie conoc\u00eda, en cuyo fondo yac\u00edan muertos decenas de lobos, con los rostros desencajados de autentico terror.\u00bb<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abTodo hab\u00eda sucedido demasiado deprisa para que nadie se hubiera dado cuenta. 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